*** LA FAMILIA MORISCA ***

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*** LA FAMILIA MORISCA ***

Mensaje  Hakim el Miér 05 Ago 2009, 21:23




En Historia y etnología están en boga los estudios sobre la familia, hasta el punto que, en Francia, el tribunal de las oposiciones a cátedra de Historia propuso el tema “La familia en Inglaterra y Francia del siglo XVI al XVIII” en el programa de las convocatorias de 1975 y 1976. Curiosamente, en un país como España, que ha conservado mejor sus estructuras y costumbres ancestrales que la Europa del noroeste y donde, a priori, sería más fácil comprenderlas, el tema de la familia ha sido ignorado. Debido a la escasez de datos, Bartolomé Bennassar no pudo dedicar una sola línea al tema en su reciente obra L'homme espagnol (1). Esto es sin duda reflejo del escaso desarrollo que tienen en la Península los trabajos relacionados con la etnología o con lo que se ha dado en llamar historia de las mentalidades; va siendo ya hora de llenar esta laguna.



Vamos a detenemos aquí en el caso morisco. Es sabido que el enfrentamiento entre moriscos y cristianos es un conflicto de civilizaciones. Nunca se repetirá lo suficiente esta sencilla afirmación, ya que en este caso a la Historiografía no le es fácil apartarse de un esquema que da prioridad a los aspectos religiosos; y no es que éstos dejen de revestir una considerable importancia -los recientes trabajos de Louis Cardaillac les atribuyen una dimensión hasta ahora insospechada- pero el tenaz combate de los cristianos por aculturar a los moriscos y la fuerte resistencia de éstos repercutió en otros muchos terrenos que han sido objeto de escasa atención (2). El problema de la familia es uno de ellos. A este respecto se pueden plantear tres series de preguntas. ¿Qué es la familia morisca? ¿Es diferente, por su estructura o por su sistema de relaciones internas, de la familia cristiana? En segundo lugar, ¿en qué medida constituye, para los moriscos, un elemento de solidaridad esencial? En los momentos cruciales de la vida de la minoría, ¿fue determinante la pertenencia a una familia a la hora de optar por una u otra alternativa? Por último, ¿hicieron los cristianos una política, consciente o inconsciente, de desintegración de la familia morisca? Me propongo examinar estas cuestiones a la luz de algunos ejemplos que proceden, principal aunque no exclusivamente, del reino de Granada. Es decir, que las hipótesis que formularé tendrían que ser matizadas, con respecto a las demás regiones de implantación morisca, en función del grado de aculturación de las comunidades.



Familia morisca: ¿familia extendida o familia conyugal? Si consultamos los datos demográficos, podemos pronunciamos inmediatamente a favor de la familia conyugal. Los censos de la segunda mitad del siglo XVI indican que el tamaño de la familia media se sitúa en torno a 4, tanto entre los moriscos como entre los cristianos, es decir, una pareja y dos niños (3). Pero hay que ir más allá de las apariencias. Este, criterio es más un reflejo de las circunstancias materiales, en este caso las dimensiones de la vivienda, que de la red de relaciones real. Si examinamos atentamente los documentos, observamos que, cuando el tamaño de la casa lo permite, conviven varias generaciones bajo el mismo techo y cuando no lo permite -lo que es más frecuente- los diferentes matrimonios viven próximos entre sí bajo la autoridad real del jefe del clan.



Pierre Guichard, en su reciente obra Structures sociales orientales et occidentales dans l'Espagne musulmane, señala, tras examinar minuciosamente la toponimia española, la frecuencia de los topónimos gentilicios (4). Partiendo de las indicaciones de los trabajos de Miguel Asín Palacios y basándose en el Diccionario de Madoz, revela la existencia de 208 topónimos en Beni-, Bena-, Bene-, Bini-, Biné-, Veni-, Vina-, Vinu-. Sin duda, hallaríamos más teniendo en cuenta todas las transformaciones experimentadas por los topónimos a lo largo de los siglos. Así, el nombre del pueblo alpujarreño Mecina de Bombarón proviene de Madina Banu Harun, que se convirtió en el siglo XVI en Mecina de Buen Varón. Los numerosos topónimos gentilicios que existen aún hoy día no son evidentemente una prueba de la existencia de estructuras tribales dentro de la comunidad morisca en el siglo XVI. Pero convendremos con Pierre Guichard en que el hecho tribal fue una característica importante de la vida política de Al­Andalus entre los siglos VIII y X. Y, con él, nos planteamos el problema de saber si ese hecho tribal perduró.



Observemos en primer lugar que los cronistas del siglo XVI, Mármol Carvajal concretamente, cuando citan los topónimos gentilicios, parecen conocer su significado perfectamente. Así, Mármol no deja de separar la voz Bena- de lo que muchas veces le sigue: Bena Mocarra, Vélez de Bena Audalla, Bena Haviz (5). Lo que no es más que una conjetura se convierte en evidencia cuando se trata del hábitat rural o urbano. En esto, una vez más nos guiamos por los cronistas, Hurtado de Mendoza o Mármol. El primero indica que el pueblo de Las Albuñuelas, situado en el valle de Lecrín, consta de tres barrios; Mármol habla de los barrios de Válor, el alto y el bajo, y de los tres barrios de Berchul (o Los Bérchules). Gracias a los libros de apeos del reino de Granada sabemos que es un fenómeno común a todos los pueblos de La Alpujarra y que incluso cada barrio consta de varios caseríos de cinco a veinticinco casas cada uno (6). Sería tentador comparados con los pueblos de las comunidades rurales beréberes de Marruecos, cuyas estructuras son idénticas. En Marruecos, cada caserío de estas comunidades está “habitado por una familia patriarcal que comprende de diez a quince familias que se consideran descendientes de un mismo antepasado” (7). Lo mismo ocurre en Andalucía Oriental: Por ejemplo, en Válor el alto habita la familia de los Hernandos, también llamados Valorís; en Válor el bajo vive la familia rival de los Aben Zabas. Según esto, habría que orientar el estudio de la toponimia a nivel de los caseríos, que con más frecuencia que los pueblos llevan el nombre del antepasado epónimo de la familia. También en el medio urbano se halla concentrado el grupo familiar. Un examen detenido de los censos de la ciudad de Granada de los años 1560, sobre todo el de 1561, revela que, si bien en el interior de una casa sólo vive un matrimonio con sus hijos, sus ascendientes o colaterales habitan en casas vecinas, que dan a la misma calle o bien a una calle paralela (Cool. Para pasar de una casa a otra no es necesario poner los pies en la calle. En efecto suele haber una puerta no visible desde el exterior que comunica una casa con otra. Al publicar los hábices de las iglesias granadinas en 1527, María del Carmen VilIanueva Rico señalaba esta particularidad, que no se explicaba:



(...) es curioso que algunas casas presenten puerta falsa, además de la principal, o dos puertas principales o una principal y dos secundarias (9).



Confirman estas importantes indicaciones otros documentos, como el de 17 de septiembre de 1587, donde se describen dos casas del AIbaicín pertenecientes a dos moriscos que eran cuñados:



(...) Estas heran dos cassas la una del dicho hernán lópez el feri y la otra del dicho lorenzo el chapiz su cuñado. y que están yncorporada la una con la otra y ambas se sirven por una puerta que no se le puede dar otra a ninguna dellas ni por esto dividirse (n.) (10).



También es posible que el jefe del clan, en principio el hombre más anciano, dispusiese de la casa situada más al este, siendo de este modo el primero en disfrutar de la salida del sol y con su vivienda situada en dirección a La Meca. A su muerte, se procedía a un nuevo reparto del espacio entre la familia. Parece que es éste uno de los elementos esenciales de la cohesión de la familia morisca, cuya vida cotidiana se sustraía de este modo a las miradas indiscretas. A ello se debe el que las autoridades, deseosas de controlados, exigiesen que las puertas estuviesen permanentemente abiertas los viernes y los domingos.



En los textos contemporáneos, el vocabulario revela algunos indicios más. Hurtado de Mendoza y Mármol Carvajal emplean a menudo el término linaje. en ocasiones parentela. Ambos coinciden en señalar que Aben Humeya, primer rey de los sublevados en 1568, pertenecía a un linaje de gran renombre. Dice Hurtado de Mendoza:



(...) había entre ellos un mancebo llamado don Fernando de Válor, sobrino de don Fernando el Zaguer, cuyos abuelos se llamaron Hernandos y de Válor, porque vivían en Válor el alto, lugar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre de la montaña: era descendiente del linaje de Aben Humeya, uno de los nietos de Mahoma (...) (11).



Mármol, por su parte, narra con gran lujo de detalles las peripecias que desembocan en la elección de Aben Humeya como rey: “ninguno lo podía ser mejor ni con más razón que el mesmo don Hernando de Válor por ser de linaje de reyes...”. No obstante, Farax Aben Farax, otro instigador de la sublevación morisca, no aceptó de buen grado la designación porque pretendia “que habia de ser rey y gobernador de los moros, y que también era él noble del linaje de los Abencerrajes” (12). Pero una de las principales razones del triunfo de Aben Humeya fue sin duda alguna la extensión e. influencia del linaje: “aquella noche se juntaron todos los Valoris, que era una parentela grande”. A lo largo de esta crónica aparecen también otros dos linajes, ambos originarios de Ugijar: el de los Rojas y el de los Alguaciles (13). El jefe de los Rojas, Miguel, no es otro que el suegro de Aben Humeya. Por último, refiriéndose a Andrés Alguacil, Mármol precisa: “un morisco del linaje de los antiguos alguaciles de Ujijar, llamado Andrés AlguaciL,” (14).






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Última edición por Admin el Jue 06 Ago 2009, 16:08, editado 1 vez
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Re: *** LA FAMILIA MORISCA ***

Mensaje  Hakim el Miér 05 Ago 2009, 21:25






Podemos acudir también a otro documento, aún más valioso por el hecho de proceder de un morisco. Se trata del memorial dirigido al Rey, en 1567, por Francisco Núñez Muley. El autor, importante personaje de Granada, sale en defensa de la minoría amenazada por la pragmática de 17 de noviembre de 1566 que pretende acabar con todas sus costumbres. Este texto fundamental ha sido reproducido muchas veces, integra o parcialmente. La edición más completa que se conoce es la del historiador británico Kenneth Garrad. Tiene el interés de incluir notas que aclaran diversos puntos de la petición. Pero se suele olvidar que el verdadero descubridor del texto es Foulché-Delbosc, quien lo publicó en la Revue Hispanique en 1901; por otra parte, su transcripción me parece mejor que la de Garrad. El memorial de Núñez Muley es una mina de información sobre las estructuras de la sociedad morisca. Por ello, no es sorprendente su insistencia en la importancia de la conservación del linaje. Se le presenta la ocasión cuando intenta defender el empleo del sobrenombre:



... pues... en dezir sobrenombre morisco por donde se conosce la persona y de qué linaje...



y más abajo afirma:



... pues que lo que toca en el sobrenombre morisco, como se an de conocer la gente y tratar con los sobrenombres castellanos e no más, perderse an las personas y los linajes moriscos, no sabrán con quién tratan ni conpran ni casan no conociendo el linaxe de rráyz... (15)



Puede afirmarse, a la luz de todos los ejemplos anteriores, que la familia morisca es extendida. Pero aún queda la duda de si era éste un fenómeno generalizado. Hasta aquí, hemos tratado principalmente de grupos de parentesco pertenecientes a la aristocracia morisca: Valories, Rojas, Alguaciles, Aben Zabas... Desde luego, Núñez Muley parece rebasar ese estrecho círculo para incluir en su defensa a toda la sociedad morisca, pero él mismo pertenece a uno de los más célebres linajes granadinos. De ahí que sea necesario acudir a otros documentos. El 26 de febrero de 1:561, ocho habitantes de la parroquia de San José de Granada dirigen una petición a las autoridades de la ciudad en la que solicitan la anulación de las recientes elecciones de seises. Estos eran los representantes de la comunidad morisca y una de sus funciones era la derrama de la farda, impuesto que recaía exclusivamente sobre la minoría. Ahora bien, en 1561 los habitantes de la parroquia de San José denuncian irregularidades en la elección:



... suplicamos a vuestra señoria no permyta que porque un perrochiano o dos tomaron enojo con uno de los seyses de la perrocha an querido mover y rrevolver con petición y buscar firmas entre sus cuñados y parientes por donde fueron a hazer la eleción que el domyngo pasado se hizo a hazer otro seys sin que los perrochanos lo supiesen que entre dozientos perroquyanos y aun trezientos que ay en la perroquya no sabello veynte... (16).



Los autores de esta maniobra aprovecharon, pues, las posibilidades que les ofrecía la cohesión de un clan y las alianzas con otros linajes, lo cual viene a subrayar la importancia del papel de los grupos familiares en el medio urbano. Señalemos además que al menos tres de los ocho firmantes de la demanda pertenecen al mismo clan, ya que su apellido es el mismo, Santisteban. Al final del texto se hallan las firmas de veintiuna personas.



Otra elocuente manifestación de la eficacia de las estructuras clásicas se encuentra en las negociaciones de los años 1570 entre la Corona y las bandas de monfíes que resisten en las montañas del reino de Granada. Los bandidos, tanto El Joraique en la zona de Almería, en 1573, como Juan Esvilay y Marcos el Meliche en la de Málaga, en 1576-1577, están dispuestos a deponer las armas pero bajo ciertas condiciones, la primera de las cuales es vivir con los miembros de su familia (17). Conocemos todos los detalles de la segunda negociación. Los interesados dan una lista nominal de todos aquellos allegados suyos, prisioneros o esclavos, con los que desean reunirse. Citan a la esposa e hijos, pero también al padre, la madre, hermanos, hermanas y primos. En cierto modo, es ésta una buena definición de la amplitud de la familia morisca, a la vez que la confirmación de la existencia de este fenómeno en toda la sociedad, ya que los bandidos procedían del mundo rural.



Ha llegado ya el momento de entrar en detalles a fin de delimitar con precisión esta realidad de la familia extendida, cuya persistencia en la comunidad morisca creo ya suficientemente comprobada. En suma, me gustaría ahora recoger la problemática presentada por Pierre Guichard con objeto de saber si en la familia morisca pueden diferenciarse las estructuras orientales de las estructuras occidentales, o, en otras palabras, la influencia de la civilización musulmana de la influencia de la civilización cristiana occidental.



Volvamos al alegato de Francisco Núñez Muley. Afirmaba éste que es en el sobrenombre donde se conoce el linaje. En efecto, de los tres elementos del nombre morisco -nombre, apellido, sobrenombre- éste es el más importante. A ello se debe el que las autoridades cristianas, en el marco de su política aculturante, se dedicasen a cristianizar el nombre y el apellido y darle más valor al apellido, en detrimento del sobrenombre, ya que deseaban borrar la memoria de éste. Pero no cabe duda de que la resistencia morisca fue tan tenaz en este punto como en otros. Ya algunas familias, como la de los Zegries, habían obtenido el privilegio de conservar el apellido del clan, que o bien hacia referencia a un antepasado común o bien indicaba un vinculo con un territorio determinado. Cuando Núñez Muley cita al notable don Miguel de León, veinticuatro de Granada, no se olvida de añadirle el Zahardri (l8). Así, durante la sublevación de 1568, que se caracterizó por una afirmación de los valores ancestrales amenazados, los sobrenombres resurgieron. Es significativo que Hernando de Córdoba recuperase su nombre de Aben Humeya y se afirmase como Valori, pero a lo largo de las crónicas encontramos, entre otros, a Aben Zigui, alcalde de Andarax, Pedro López Aben Hadami, regidor de Cobda, Alonso Aben Cigue y, por supuesto, a los Aben Zabas, Aben Jauhar (Fernando el Zaguer), Farax Aben Farax y Diego López Aben Aboo. Parece que nos encontramos en presencia de unos grupos agnaticios que se definen por su relación con un antepasado común y en los que sólo cuenta la filiación paterna.



El matrimonio endógamo es otro rasgo principal de la familia musulmana. Ahora bien, a juzgar por diversas cédulas reales, los moriscos practicaban la endogamia. El 7 de diciembre de 1526, la junta reunida en Granada con el fin de estudiar todos los aspectos del problema morisco, declara:



... asimismo porque somos informados que los dichos nuevamente convertidos hacen muchos casamientos con dispensaciones que para ellos han, y diz que algunos que se les han dado son en casos muy prohibidos. escribiremos a su Santidad que mande conceder Bula para que los dichos nuevamente convertidos no se casen con dispensaci6n... (19).



Dos años después, el 17 de julio de 1528, Carlos V se ve en la obligación de dirigirse a los moriscos valencianos a propósito de este mismo tema:



Item por quanto entre los moros que oy son ay muchos matrimonios concertados entre parientes cercanos en grado prohibido por la ley cristiana y permiso por la ley morisca la que permite matrimonio fasta entre primos hermanos hijos de dos hermanos inclusive. si les dichos matrimonios se abrán de desconcertar y prohibir los que se podrán hazer de oy adelante sería grandísimo daño y desconcierto entre los dichos moros... (20).



No podría explicarse mejor la diferencia entre ambas comunidades: práctica exogámica entre los cristianos, facilitada por la prohibición canónica del matrimonio consanguíneo hasta el cuarto grado de parentesco, práctica endogámica entre los moriscos, propiciada por la autorización e incluso la recomendación del matrimonio entre primos hermanos hijos de dos hermanos. Otro testimonio, procedente de la crónica de Diego Hurtado de Mendoza, indica el papel que los primos juegan en este tema. Una mujer, perteneciente al linaje de la familia política de Aben Humeya, enviudó:



A ésta se llegó un primo suyo. como es costumbre entre parientes. después de muerto el marido en la guerra, de quien Aben Humeya se fiaba, llamado Diego Alguacil; vivían juntos, comunicaban más que familiarmente... (21).



Así pues, el matrimonio endógamo existía. Pero, ¿hasta qué punto? No es fácil responder a esta pregunta. Lo que sí podemos afirmar es que esta práctica estaba en vías de desaparición, al menos entre parte de la clase alta morisca. Los Granada Venegas, los Zegries y con ellos todo el círculo morisco colaborador, tomaron de buen grado esposa entre los cristianos. En cuanto a la plebe, nada sabemos con certeza. Comprobamos que, de 86 cónyuges (43 matrimonios) cuyo lugar de origen conocemos, éste es el mismo para 34, es decir, 17 parejas de 43. En otros 24 matrimonios, el origen del marido no es el mismo que el de la mujer, pero sólo dista del de ésta pocos kilómetros (22). Este sondeo no nos proporciona mucha información, pero me inclino a pensar que aunque el matrimonio endógamo tradicional existía, no estaba generalizado. El hecho es que no se conoce ningún texto que trate de este asunto posterior a 1528, y que la frase antes citada de Francisco Núñez Muley (”no sabrán con quién tratan ni conpran ni casan, no conociendo el linaje de rrayz”) recurre tanto, sino más, a consideraciones de índole económica como a las de orden genético. La supervivencia de la endogamia estaría seriamente amenazada.



Otro tanto puede decirse de la poligamia. Esta no es desconocida, tal como sugieren las Instrucciones dadas hacia 1530 por el arzobispo de Granada, Gaspar de Ávalos, tras visitar algunos pueblos habitados por moriscos:



Item (los moriscos) tienen error acerca del sacramento del matrimonio, casándose dos y tres veces siendo vivas todas las mujeres y otro tanto ellos, y para seguir en esto su mal propósito presentan testigos falsos, que es la cosa más ligera del mundo hallarlos entre ellos. Y así por fueros ordinarios como por vía de Roma, se han hecho muchos divorcios porque piensan ellos que les es lícito como lo era en tiempo de moros. Y de estas cosas habemos hallado muchas en esta visitación... (23).




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Re: *** LA FAMILIA MORISCA ***

Mensaje  Hakim el Miér 05 Ago 2009, 21:27






Este texto es importante porque pone de relieve una práctica islámica esencial, pero es el único en su género. El otro ejemplo de poligamia que podemos citar, bastante esclarecedor, es el de Aben Humeya. Apenas designado rey, escoge esposas:



Tomó tres mujeres, una con quien él tenía conversación y la trujo consigo, otra del río de Almanzora, y otra de Tavernas, porque el deudo tuviese aquella provincia más obligada, sin otra con guíen él primero fue casado, hija de uno que llamaban Rojas. Más dende a pocos días mandó matar al suegro y dos cuñados porque no quisieron tomar su ley; dejó la mujer, perdonóla suegra porque la había parido, y quiso gracias por ello como piadoso... (24).



Al pasaje precedente de Diego Hurtado de Mendoza podemos añadir el de Mármol Carvajal donde se narran los incidentes que se produjeron entre los Valoríes y los Rojas. Mármol concluye:



... de aquí nacieron grandes enemistades entre los parientes del muerto (Miguel de Rojas) y Aben Humeya el cual repudió luego la mujer, y juró que no había de dejar hombre dellos a vida... (25).



Así, hasta el inicio de las hostilidades, Aben Humeya sólo tuvo una esposa, la hija de Miguel de Rojas. Pero con la sublevación, que era la oportunidad para revalorizar toda la cultura musulmana tradicional, toma tres esposas más. Con ello nos revela el papel esencial del matrimonio, que significa la alianza entre dos clanes, y más aún, entre dos sectores geográficos; a ello se debe el que las nuevas esposas sean originarias de familias instaladas en zonas que no tenían ninguna relación con las dominadas por los grandes linajes alpujarreños. Los nue­vos matrimonios permiten afianzar la solidaridad morisca. El segundo aspecto fundamental del texto gira en tomo al repudio de la primera esposa. También parece tratarse en este caso de un acto que raras veces se lleva a cabo en la sociedad morisca. Y de nuevo a causa del momento privilegiado que constituye la sublevación, el repentino conflicto que estalló entre dos clanes recientemente unidos por un matrimonio, en este caso entre los Valoríes y los Rojas, queda solemnemente señalado por la ruptura de las alianzas, es decir, por el repudio de la esposa.



En cuanto a la poligamia, todo parece indicar que se trataba de una costumbre caída en desuso, pero no tan antigua como para que se hubiesen perdido su recuerdo y su significado. Porque, por otra parte, podemos recordar algunas pruebas más de la escasa frecuencia de la poligamia: por un lado; la ausencia de moriscos citados ante la Inquisición bajo la acusación de poligamia, y por otro la indicación de Francisco Núñez Muley, cuando afirma que en cada casa hay “tres mugeres madre y hijas...” (26).



Es una observación discutible en el terreno demográfico, pero revela la existencia de una sola esposa y madre en cada hogar. Así, podemos decir que la poligamia, más aún que el matrimonio entre primos hermanos, es un elemento, en retroceso dentro de la .cultura morisca pero que puede volver a emerger en épocas de crisis.



Las diversas posturas políticas traducen. perfectamente el papel de las estructuras de parentesco en el funcionamiento de la sociedad morisca. Antes incluso de la conquista de Granada en 1492, había familias enteras, casi siempre pertenecientes a linajes prestigiosos instalados de muy antiguo en el medio urbano, bautizadas y que habían apoyado a los reconquistadores cristianos. Otras adoptaron rápidamente esta actitud. Sus descendientes permanecieron fieles a la línea de conducta. Las únicas excepciones a la regla fueron, en 1568, los grandes linajes que seguían vinculados con el medio rural. Y cuando se produce el cambio, todo el linaje se adhiere a él.



Tomemos algunos ejemplos: el de los Fez Muley en primer lugar. Esta familia se mantuvo en candelero durante un siglo. En la época de la Reconquista es una de las más importantes de la sociedad granadina. Nunca se puso en duda su lealtad a la Corona, así como su solicitud para con la comunidad morisca de la que procedía. En este sentido, los Fez Muley son representativos de la mayor parte del círculo colaborador. Así, la carrera de Francisco Núñez Muley es ejemplar. El autor del memorial de 1567 es ya un hombre en el ocaso de una vida muy activa. La ausencia de su nombre en la literatura o los documentos oficiales relativos a la sublevación de 1568­1570, nos hace pensar que la muerte se lo llevó, ya septuagenario, antes del inicio de las hostilidades en diciembre de 1568. Nacido probablemente entre 1490 y 1495, Francisco Núñez Muley sirvió durante más de tres años como paje al arzobispo de Granada, Hemando de Talavera, y en calidad de tal lo acompañó en una visita a la Alpujarra en 1502 (27). A partir de este momento, fue el abogado de los moriscos en todas las grandes circunstancias: en 1513, formó parte de una delegación que negoció con Fernando el Católico; en 1518 fue, en compañía del marqués de Mondéjar; a presentar sus respetos al rey, Carlos 1, a Valladolid; en 1526 fue uno de los mediadores que obtuvieron de Carlos V la suspensión de las medidas que adoptó la asamblea reunida en la Capilla Real de Granada. Nuestro personaje dedicó su larga vida a defender sin descanso la causa en la que creía. En esto se asemeja a otros miembros de su familia, su tío Hernando y su primo Álvaro, que fueron uno tras otro veinticuatro de Granada, y su sobrino segundo, Hernando de Fez Muley. Este último, a pesar de su avanzada edad, sufrió las consecuencias de la política familiar; fue expulsado y sus bienes confiscados. Otro miembro de la familia, Andrés, corrió la misma suerte. Ambos recibieron algunas reparaciones en forma de pensiones anuales, y Hernando fue autorizado a volver a Granada para tomar de nuevo posesión de su casa (28). Pero había en 1517 un don Hernando Muley que residía en Sevilla. ¿Se trata del mismo personaje o de un pariente?



Existe un caso bastante análogo al de los Fez Muley, el de una gran familia valenciana, los Abenamir. Ya en los años 1520 los Abenamir habían jugado un papel considerable en la lucha contra los agermanados, y más tarde, en 1526, se abstuvieron de participar en la rebelión de los habitantes moriscos de la Sierra de Espadán. Nunca se puso en duda la fidelidad de los miembros del clan a la Corona a lo largo de este siglo, pero hicieron ésta compatible con la protección a los moriscos de Benaguacil, el pueblo donde residían y cuyos habitantes reconocían su autoridad. Esta fue la causa de que uno de los Abenamir, Cosme II, compareciese en 1567 ante la Inquisición. Otros dos miembros de la familia fueron hostigados al mismo tiempo que él (29).



La mayor parte de los grandes linajes adoptaron la difícil posición de los Abenamir y de los Fez Muley. No obstante, algunos, a ambos extremos de esta actitud intermedia, adoptaron una línea de conducta más definida. Por una parte los que, como los Zegríes, parecen muy aculturados y mantienen pocos vínculos con la comunidad morisca. No les preocupa la suerte de ésta y el partido a tomar en el momento decisivo de la sublevación de 1568 no constituye ningún problema para ellos. En esto, Francisco y Gonzalo no hacen más que proseguir la actuación de su común antepasado durante la Reconquista. Luís, padre de Gonzalo y hermano de Francisco, fue caballero de Santiago. Los hijos de ambos permanecieron fieles a la política familiar. La carrera militar y administrativa de Francisco es muy elocuente: participó, entre otras, en las expediciones de Vélez de la Gomera en 1525, en la de Túnez en 1555; fue caballero veinticuatro de Granada durante 42 años, desde 1536 hasta su muerte en 1578 (30).



La fidelidad a toda prueba de los Zegries fue compartida por escaso número de familias. Otras, algo más numerosas, escogieron en 1568 el partido contrario. Y una vez más, como en todos los casos precedentes, la solidaridad familiar fue total. Tomemos el ejemplo de los Valoríes. Sus antepasados no se comportaron de manera diferente a los Zegríes o a los Fez Muley. Don Hemando de Córdoba el Ungi fue, en 1520, uno de los tres capitanes de las tropas moriscas que se enfrentaron a los agermanados de Baza y Huéscar(31). La familia disponía en Granada de una veinticuatría cuyo último titular fue don Hernando, el futuro Aben Humeya. Cuando éste se puso al frente de los sublevados, inmediatamente tuvo junto a sí a su hermano Luís, a su tío Hemando el Zaguer, a sus primos hermanos Aben Aboo y El Galipe. Antonio, el padre, y Francisco, hermano de Aben Humeya, fueron de algún modo sus precursores, ya que en diciembre de 1568 se encontraban en la cárcel (32). Las mujeres no les iban a la zaga; María de Córdoba, esposa de El Zaguer, Brianda, hermana de Aben Humeya, Costanza y María, esposa e hija de Andrés de Córdoba, figuraron en el auto de fe que tuvo lugar en Granada el 18 de marzo de 1571 (33).



Encontramos esta misma cohesión de linaje entre la plebe morisca. Las relaciones de causas de los tribunales inquisitoriales revelan la existencia de familias que no pueden o no quieren silenciar su adhesión al Islam, dé manera que los inquisidores les atribuyen los calificativos de “casta y generación de moros”. Un acto voluntario, la imprudencia o la mala suerte de un individuo a menudo provocan la condena de varios miembros del linaje. En la población de Arcos, que depende de la Inquisición de Cuenca, comparecen seis miembros de la familia Moraga ante el tribunal entre 1559 y 1596, así como seis Hortubia en Deza entre 1557 y 1610 (34). En 1560 son condenados Francisco Dordux y su mujer María Granada, y Andrés y Luis Dordux, habitantes de Granada, al igual que cinco Quirates, habitantes de Laroles, pueblo de la Alpujarra. Luis Quirate, por último, corrió la misma suerte en 1563 (35). Estos ejemplos, escogidos de entre otros muchos, permiten afirmar que entre los moriscos existía una solidaridad de linaje prácticamente sin fisuras.



Los cristianos eran conscientes de este fenómeno. Ya he tenido ocasión de aludir a diferentes medidas que atestiguan el conocimiento de esta' particularidad morisca. Son medidas que emanan de una política encaminada al etnocidio.



Lo que pretenden los legisladores denunciando Y prohibiendo los matrimonios consanguíneos y la poligamia es una completa asimilación al modelo familiar de la mayoría. Pero utilizan otros- recursos, todos los cuales atentan contra la. solidaridad familiar de los moriscos. Se fomentan los matrimonios mixtos; se prometen incluso beneficios económicos a los que contraen tales enlaces, como recuerda una cédula promulgada durante la estancia de Carlos V -en Granada en 1526:



... Hazemos merced a los cristianos viejos que casaren

en este rreyno con cristianas nuevas e a las cristianas

viejas que casaren con cristianos nuevos e a los cris­

tianos viejos que fueren a vivir entre cristianos nuevos

que sean libres y exemptos de huéspedes así de los de

nuestra corte como de gente de guerra e otros quales­

quier y que no den rropa ni bestias de guía ni aves ni

otra cosa alguna por vía de aposento e demás desto

por les hazer más merced a las tales personas que

hizieren lo suso dicho les prometemos que luego que

nos conste dello les haremos merced para ellos y para

sus herederos y sucesores de les dar y señalar de lo

rrealengo e público y concegil algunas roças e tierras e

terminos... (36).



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Re: *** LA FAMILIA MORISCA ***

Mensaje  Hakim el Miér 05 Ago 2009, 21:28





Por último; para acelerar el proceso de conversión, se prevé, literalmente, separar a los niños de sus familias. Durante los dos primeros tercios del siglo XVI, las autoridades se persuadieron de que nada podría obtenerse de los adultos que habían sido educados en la fe musulmana. Valía más centrar todos los esfuerzos en los hijos, siempre que fuesen separados del ámbito familiar. Esto es lo que dice claramente el arzobispo granadino Pedro Guerrero en unas Instrucciones redactadas probablemente hacia 1555-1560. Refiriéndose a los alumnos de un Colegio-Seminario que desea fundar, precisa:



... no salgan del dicho Colegio hasta que sean sacerdotes, y les hayan oído teología, y mientras estuviesen en el Colegio se les quite totalmente la comunicación con sus parientes (37).



Con esto, el arzobispo, cuya opinión era ampliamente compartida por los cristianos viejos, subrayaba el papel preponderante de la familia como agente de transmisión de la cultura musulmana. Si se desea extirparla, es necesario intervenir en el corazón mismo de la familia.



Ni siquiera la conjunción de todos estos aspectos de la política de asimilación dio buenos resultados. Ciertamente, las prácticas matrimoniales específicas de los musulmanes sufrieron un gran retroceso, por no decir que llegaron a desaparecer. Pero permanecieron en el recuerdo lo suficiente como para poder resurgir cuando la crisis alcanza su paroxismo con la guerra granadina de 1568-1570, Hubo muy pocos matrimonios mixtos. Era tal la diferencia entre las dos comunidades que ni cristianos ni moriscos veían con buenos ojos estas uniones. Sería interesante poder rastrear el destino de estas parejas y de sus descendientes; podemos concebir a priori que la mayor parte de las veces eran rechazados por unos y por otros. En cuanto a los colegios destinados a moriscos. hemos de decir que todos ellos. tanto los de Gandía y Valencia como el de Granada, fueron un completo fracaso. Los cristianos nuevos los abandonan rápidamente. La resistencia familiar fue más fuerte.



Después de 1570 se adoptan medidas más radicales. Ya que la familia. elemento fundamental de la solidaridad morisca, resiste, hay que dispersar a sus miembros. La solución más drástica ya había sido formulada anteriormente, pero sólo como amenaza. Así, en 1521, Carlos V sugiere: “... será bien que en las predicaciones se les declare que en casso que ellos estuviesen pertinaces y endurescidos en su secta y determinassen irse fuera de nuestros reynos, han de dexar sus hijos para que sean christianos, porque esto será mucha parte para convertirse los padres...” (38). A partir de 1570, de las amenazas se pasa a la acción. Los textos que definen las modalidades de expulsión del reino de Granada no tienen en cuenta para nada la realidad familiar de la minoría. Ciertamente, está previsto no separar a los miembros de una misma familia, pero ésta se reduce al núcleo padres-hijos. Las terribles condiciones del éxodo hacia el norte provocaron gran cantidad de fallecimientos y de separaciones que acabaron de dispersar a la familia morisca (39). En la década del 70, el único objetivo de numerosos deportados . es reunir los fragmentos dispersos de su linaje. Sólo algunos lo consiguen. Simboliza el fracaso de la mayoría la dolorosa existencia de Marcos el Meliche. Este monfí depuso las armas en 1577 bajo la promesa de poder vivir con su mujer, su madre y su hermana. No habiéndose reunido más que con su esposa, prefiere volver al monte. La expulsión de 1570 fue, en muchos aspectos, un ensayo general de la de 1609-1614, la definitiva. Una vez más, no se tiene en cuenta la estructura familiar de los expulsados. Para muchos, la partida significa la ruptura con la tierra donde siempre han vivido, pero también la dispersión de la comunidad familiar. En muchos casos, los niños menores de cinco años se quedan en el territorio español y los adultos son dispersados al azar de las caravanas y los bajeles.



En estas condiciones, ¿qué podía quedar de la ancestral estructura familiar? Sin duda los moriscos expulsados intentaron, en la medida de lo posible, reunir los elementos dispersos de su linaje. Pero surge la pregunta de si su capacidad de resistencia fue vencida tras el largo asedio aculturante. Incluso aunque la política de asimilación fracasara en lo esencial, hemos visto que el tiempo, los inevitables intercambios entre las dos comunidades y la repetición de medidas aculturantes habían atenuado seriamente los caracteres específicos de la familia morisca. Las migraciones forzosas del último tercio del siglo aceleran probablemente el proceso de desintegración, y me inclino a pensar que éste, a principios del siglo XVII, estaba muy avanzado entre los granadinos, quizá menos entre los valencianos. Pero para hacer un balance plenamente satisfactorio habría que estudiar el sistema de alianzás y de relaciones de los moriscos instalados en África del Norte tras la expulsión, con objeto de saber si reproducen el modelo cristiano o si vuelven -y por qué vias- a las costumbres durante tanto tiempo soterradas. Y seria necesario también hacer un inventario de las costumbres locales españolas que pudieran testimoniar la pervivencia del legado musulmán hoy día. ¿De dónde viene, por ejemplo, el hecho de que, en algunos pueblos alpujarreños, los recién casados continúen comiendo por separado, durante un año, cada uno con su familia? (40)





(1) B. BENNASSAR, L'homme espagnol, altitudes el mentalités du XVIe au XIXe siedes, París, 1975.

(2) L. CARDAILLAC, Morisques et Chrétiens. un affrontement polé­mique (1492-1640). Paris, 1977.

(3) F. RUIZ MARTÍN, “Movimientos demográficos y económicos en el reino de Granada durante la segunda mitad del siglo XVI”, Anuario de Historia económica y social, 1968, pp. 127-183; B. VINCENT, ”L'AIbaicin de Grenade au XVIe siec1e (l 527-1 587)”, Mélanges de la Casa de Veláz­quez, 1971, pp. 187-215; versión española en Andalucfa en la Edad Moderna: Economia y sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 123-162.

(4) P. GUICHARD, Structures sociales “orientales” et “occidentales” dans l'Espagne musulmane. Paris, 1977.

(5) L. del MÁRMOL CARVAJAL, “Historía de la rebelión y castigo de los moriscos del Reyno de Granada”, Historiadores de sucesos particulares..1 Biblioteca de Autores Españoles”, 1946, pp. 266-267, 327. 346, 355.

(6) Archivo de la Chancillería de Granada, sección Apeos.

(7) P. GUlCHARD, op. cit.. p. 340.

(Cool Archivo General de Simancas (AG.S.). Cámara de Castilla, leg. 2150

(9) M. C. VILLANUEVA RICO, Casas, mezquitas y tiendas de los hdbices de las iglesias de Granada. Madrid, 1966, p. 6.

(l0) AG.S., Contadurías Generales, leg. 358. Los subrayados son nuestros.

(11) D. HURTADO DE MENDOZA, “Guerra de Granada hecha por el rey de España don Felipe II contra los Moriscos de aquel reino, sus rebeldes” Historiadores de sucesos paniculares, 1, Biblioteca de Autores Españoles, 1946, p. 74. .

(12) L. del MÁRMOL CARVAJAL, op. cit., p. 188.

(13) Sin duda, ambos son el mismo linaje.

(14) L. del MÁRMOL CARVAJAL, op. cit.. p. 234.

(15) R. FOULCHE-DELBOSC, “Memoria de Francisco Nuñez Muley., Retlue Hispanique. 1901, pp. 205-239; K. GARRAD, 'The original Memoría! of don Francisco Núñez Muley”, Atlante. ] 954, pp. 203-226. Ha sido publicado un extracto del texto original, que se encuentra en el archivo de la AIhambra, lego 159, por A GALLEGO BURíN y A. GAM]R SANDPV AL, Los Moriscos del Reino de Granada según el slnodo de Guadix de 1554. Granada, ]968, pp. 275-279. Por otra parte, L. del MÁRMOL ,CARVAJAL conocía el original, del cual ofrece un resumen en su crónica, op. cit.. pp. 163-]65. Este resumen lo reproduce M. GAR­CiA ARENAL, Los Moriscos. Madrid, 1975. Pero la excepcional riqueza del texto obliga a utilizar el texto completo. El pasaje aquí citado se encuentra en ed. Foulché-Delbosc, p. 229; ed. Garrad, p. 218.

(16) Archivo de la Alhambra, leg. ]88, p. 1.

(17) B. VINCENT, “Les bandits morisques en Andalousie au XVIe siecle”, Revue d'Histoire modeme et contemporaine. 1974, pp. 389-400. Recogido en este volumen con el titulo “El bandolerismo morisco en Andalu­cía (siglo' XVI)'”.

(19) A. GALLEGO BVRÍN Y A. GAMIR SANDOVAL, op. cil.. p. 204. Ver también 1. CARO BAROJA, Los Moriscos del reino de Granada. Madrid, 1957, pp. 128-129, 2.' ed. Madrid, 1976.

(20) P. BORONAT, Los Moriscos españoles y su expulsión, Valencia, 1901, t. 1, p. 424.

(21) D. HURTADO DE MENDOZA, op. cit.. p. 103.

(22) AG.S.. Cámara de Castilla, leg. 2183.

(23) A GALLEGO BURíN y A GAMIR SANDOVAL, QP. cit..p.230.

(24) D. HURTADO DE MENDOZA, op. cit.. pp. 77-78.

(25) L. del MÁRMOL CARVAJAL. op. cit.. p. 238.

(26) Memorial de Núñez Muley, ed. Foulché-Delbosc, p. 213; ed. Garrad, p. 209.

(27) Memorial de Núñez Muley, ed. Fou1ché-Delbosc, p. 223; ed. Garrad, p. 215.

(28) A.G.S., Contadurías Generales, leg. 358; ver también A.G.S., Cámara de. Castilla, leg. 2180, documento del 3O-VI-1579. En él, Her­nando de Fez Muley declara: “(soy) de linaje de los rreyes de Fez y Marruecos” e insiste “soy de linaje de los rreyes”. Precisa que ejerció las funciones de repartidor mayor de la farda. estima el valor de sus bienes confiscados en 8.000 ducados, mientras que tiene catorce hijas y nietas a su cargo, todas ellas viudas.

(29) P. BORONAT,op. cit.. t. 1, pp. 549, 555, 559, 563; E. CISCAR, R. GARcíA CÁRCEL, Moriscos i Agermanats. Valencia, 1974, p. 173.

(30) La documentación sobre esta familia se encuentra en A.G.s., Cámara de Castilla, leg. 2178 y 2181 Y Cámara, Cédulas, lib. 255. He hecho amplio uso de ella en B. VINCENT “La présence morisque dans le Royaume de Grenade apres rexpu1sion de 1570″, comunicación del Congreso de Historia de Andalucia (diciembre de 1976), publicado en Andalucfa en la Edad Moderna: Economla y sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 267-286.

(31) Memoría de Núñez Muley, ed. Foulché-Delbosc, p. 219; ... Garrad, p. 213.

(32) Ver A. DOMíNGUEZ ORTIZ y B. VlNCENT, Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoria, capítulo titulado “El levantamiento de los moriscos granadinos”, Madrid, 1978.

(33) Archivo Histórico Nacional (A.H.N.), Inquisición (Inq), leg. 1953 (5).

(34) M. GARdA ARENAL, Inquisición y moriscos. Los procesos del Tribunal de Cuenca. Madrid, 1978.

(35) A.H.N., Inq., leg. 1953 (1) Y (2).

(36) AG.S., Cámara de Castilla,leg. 2161, fol. 108,8 de diciembre de 1526.

(37) A GARRIDO ARANDA, “Papel de la Iglesia de Granada en la asimilación de la sociedad morisca”, Anuario de Historia moderna y contempordnea. 1975-1976, p. 90.

(38) A.H.N., Inq., lib. 256, fol. 462 v”, citado por A. REDONDO, Antonio de Guevara (1480?-1545) el /'Espagne de son temps. Ginebra, 1976, p. 249.

(39) It. VINCENT, “L'expulsion des Morisques du Royaume de Grenade et leur répartition en Castille”, Mélanges de la Casa de Velázquez. 1970, pp. 211-246; versión española en Andalucla en la Edad Moderna: Economla y sociedad. Diputación Provincial de Granada, 1985, pp. 215­266.

(40) Esta indicación me ha sido proporcionada por M. Garzón Pareja. Sin duda es, entre otros, un indicio de prometedoras nvestigaciones en el terreno de la etnohistoria.




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